Atención
Notar cuándo la mente se aleja y regresar con amabilidad. Cada regreso forma parte de la práctica; no es una señal de que lo estés haciendo mal.
Menos prisa. Más espacio para estar.
Meditar no exige dejar la mente en blanco. Es una invitación a observar lo que sucede, volver al presente y darte unos minutos sin tener que llegar a ningún sitio.
Volver al presente puede empezar con una pausa muy pequeña.
La atención se cultiva sin perfección ni grandes exigencias. Lo importante es encontrar una manera de practicar que puedas habitar con comodidad.
Notar cuándo la mente se aleja y regresar con amabilidad. Cada regreso forma parte de la práctica; no es una señal de que lo estés haciendo mal.
Escuchar sensaciones, apoyos y ritmos. Dar espacio a una experiencia sencilla, sin buscar un estado especial ni forzar lo que sientes.
Llevar un poco de esa presencia a lo de cada día: caminar, conversar, descansar. La práctica puede continuar fuera del encuentro.
Puedes acercarte sin experiencia previa. Consulta con María cómo se plantea la práctica y qué opciones hay para empezar.
La comodidad importa más que una postura ideal. Comenta tus necesidades antes del encuentro para valorar una forma de participar que te resulte adecuada.
Pregunta por las meditaciones y encuentra una propuesta con la que te apetezca comenzar.